<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="0.91">    <channel>        <title>Diario de un chupatintas de banca</title>        <description><![CDATA[La vida vista desde la primera línea de una sucursal bancaria. Dimes y diretes. Fauna humana. Anécdotas.]]></description>        <link>http://chupatintas.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Thu, 05 Mar 2009 18:29:08 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Negocios prostibularios</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/03/00019-negocios-prostibularios.html</link>            <description><![CDATA[Prostituirse. Eso es lo que hago yo de ocho a tres, todos los d&iacute;as de la semana, de lunes a viernes (descontado un mes por vacaciones y alguna que otra ausencia por enfermedad. Uno de mis momentos m&aacute;s gratificantes es despertarme por la ma&ntilde;ana sabiendo que ese d&iacute;a no voy a poder ir a trabajar a causa de cualquier indisposici&oacute;n pasajera). Y encima, socialmente, est&aacute; bien considerado (banquero, qu&eacute; suerte tienes cabr&oacute;n). <br />La mayor&iacute;a de los j&oacute;venes que se incorporar al mercado laboral quieren hacerlo a una entidad financiera (trabajo estable, empresas s&oacute;lidas y con futuro, oportunidades para promocionarse y hacer carrera dentro del escalaf&oacute;n, incentivos seg&uacute;n esfuerzo, buenas condiciones laborales&hellip<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. En cambio yo, que llevo casi treinta a&ntilde;os dentro, vender&iacute;a gustoso parte de mi cuerpo para poder librarme de este oficio (perdonadme, putas. No estoy diciendo que lo vuestro sea un lecho de rosas).<br />Prostituci&oacute;n no es s&oacute;lo comerciar con la carne. Al prestarte a ese juego no est&aacute;s solamente consintiendo que personas nauseabundas y despreciables te manoseen, te ensucien de babas y hurguen con sus dedos imp&iacute;os en los lugares m&aacute;s sagrados de tu cuerpo. Prostituci&oacute;n es tambi&eacute;n entregar parte de tu alma a cambio de un m&iacute;sero sueldo (no existe salario en el mundo capaz de pagar el precio que supone envilecer tu esp&iacute;ritu, aunque s&oacute;lo sea por unas horas al d&iacute;a). Y a eso me dedico yo: a prostituirme, vendiendo mi ser m&aacute;s puro en peque&ntilde;os fragmentos a cambio del sustento que preciso para mantenerme en la existencia.<br />Lo hacemos todos, cierto, pero quiz&aacute; los dem&aacute;s ya lo han interiorizado como un h&aacute;bito m&aacute;s de sus vidas (igual que saludan a sus semejantes o se asean o ven la tele), mientras que yo sigo resisti&eacute;ndome a ver c&oacute;mo, poco a poco, jornada tras jornada, cada vez que ensucio mi autenticidad interior, deshonr&aacute;ndola con las constantes mentiras a las que me obliga mi profesi&oacute;n (peque&ntilde;as casi todas ellas, nunca llegan a infligir grandes heridas), o siempre que la humillo, atendiendo con una afabilidad mendaz a alguien a quien aborrezco profundamente, siento que mi yo m&aacute;s &iacute;ntimo se va empeque&ntilde;eciendo y arruinando paulatinamente,&nbsp; temo que cuando me libere, al fin, de la detestable necesidad del trabajo (la ansiada jubilaci&oacute;n) acaso conserve &iacute;ntegro el cuerpo (lleno de achaques, probablemente), pero el alma se me haya desvanecido por completo.<br />Prostituci&oacute;n.&nbsp; Lo repito una vez m&aacute;s. Ese es mi verdadero oficio. Y no el de empleado de banca. Y proxenetismo es la actividad real de mis jefes (desde el director de mi oficina hasta la &uacute;ltima persona que encabeza la c&uacute;spide de la estructura empresarial), espole&aacute;ndonos sin descanso al asalto de la clientela para venderle un trozo de para&iacute;so (del para&iacute;so consumista: el cielo de los mediocres y de los cretinos), igual que las coimas que muestran sus atributos sexuales entre los sillones grasientos de un night club.<br />Cada cliente al que atiendo es un nuevo lunar de sombra que entenebrece el sutil cristal de fuego que me hace ser quien soy (me muero lentamente. Sospecho que, con el tiempo, apenas me reconocer&eacute<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. Y no deber&iacute;a ser as&iacute;, pero as&iacute; es. S&eacute; que a ese pobre abuelo podr&iacute;a haberle dado algo m&aacute;s de inter&eacute;s por los ahorros de toda una vida (es&nbsp; como si me entregara una parte de su sangre para que se la cuidara), s&eacute; que a ese sufrido padre de familia podr&iacute;a haberle ofrecido unas condiciones m&aacute;s favorables en el pr&eacute;stamos que nos ha solicitado (menos comisiones, un precio m&aacute;s barato y sin tantos seguros), s&eacute; que esa madre joven que se ha dirigido a mi porque le inspiro confianza, ignorando que tras mi trato afectuoso y cordial se oculta un alacr&aacute;n, va a resultar inoculada por peque&ntilde;as dosis de ponzo&ntilde;a bancaria cada vez que se me acerque demasiado (l&eacute;ase tarjetas, seguros de mil clases, promociones de venta, planes de ahorro&hellip<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />, s&eacute; que ese se&ntilde;or despreocupado por sus cuentas podr&iacute;a conseguir bastante m&aacute;s de nosotros por sus importantes saldos (pero el &eacute;xito de nuestra cacer&iacute;a no estriba en levantar las liebres), s&eacute; que los clientes m&aacute;s nobles y leales con la entidad (los menos exigentes, por otra parte) son a los que peor tratamos. S&eacute; todo lo que ocurre con la gente que acude a mi banco. Lo s&eacute; de sobra. Pero me pagan por mirar para otro lado, me pagan por masacrar su ingenuidad, me pagan por deso&iacute;r los continuos reproches que me hace mi conciencia (endurecida ya, como una piedra hundida en el fondo de un lago fangoso).<br />Ese soy yo: un puto que ejerce sus servicios en otro burdel m&aacute;s. Trago y callo. Callo y trago. Y obedezco sumisamente las &oacute;rdenes de mis rufianes. Y cobro por todo ello.]]></description>            <pubDate>Thu, 05 Mar 2009 18:29:03 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Incertidumbre mortal</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/02/00018-incertidumbre-mortal.html</link>            <description><![CDATA[En varias ocasiones (clientes y compa&ntilde;eros) me han sorprendido mientras miraba embobado el cuerpo angelical de la joven dependienta. Cuando entra, todo mi abultado y renuente aparato racional se queda entumecido ante su sola presencia (al verla, me quedo petrificado, como una monta&ntilde;a que escondiera entre lo m&aacute;s hondo de sus cimientos un volc&aacute;n&hellip; que nunca llega a explosionar). A veces parece querer buscarme nada m&aacute;s llegar, o cuando yo no la observo, pero otras, presiento que me esquiva, que me ignora como si jam&aacute;s me hubiera visto, que se gira con desaire cuando giro la cabeza en busca de su contacto (indiferente y distante como una diosa sobre su pedestal).<br />S&iacute;, es cierto, tambi&eacute;n han llegado a encontrarse nuestros ojos. Pero s&oacute;lo en tres o cuatro veces (si recuerdo bien, y creo que s&iacute; lo hago. &iexcl;C&oacute;mo para olvidarse&iexcl<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. De ninguna de ellas guardo una sensaci&oacute;n clara del prop&oacute;sito que la ha llevado a interesarse por m&iacute;, o de las impresiones que le hayan podido suscitar tales encuentros (si es que una mirada ocasional puede considerarse un acercamiento).&nbsp; Yo conozco perfectamente mis sentimientos, pero &iquest;y los de ella?...<br /><br />En nuestra primera conversaci&oacute;n (visual, claro), fue ella quien, al volverse hacia un costado mientras esperaba en la cola de la ventanilla, me pill&oacute; contempl&aacute;ndola con arrobamiento (puede que transcurrieran cuatro o cinco segundos de intensa llamarada. La primera, la que logr&oacute; encender el fuego que hoy me devora). En el segundo encuentro fui yo el que la sorprendi&oacute; observ&aacute;ndome. Estaba inclinado frente a una vieja m&aacute;quina de escribir (ya casi en absoluto desuso), cuando, al erguirme para regresar a mi puesto, sent&iacute; que alguien ten&iacute;a sus ojos clavados en mi espalda (me miraba desde el mostrador de caja). La tercera vez tambi&eacute;n volvi&oacute; a ser ella la que me cogi&oacute; persigui&eacute;ndola con la vista mientras se alejaba con direcci&oacute;n a la salida. La cuarta y &uacute;ltima hasta la fecha (cuatro ocasiones en tres enfebrecidos meses) acompa&ntilde;aba a su abuelo a cobrar la pensi&oacute;n (a &eacute;l lo conozco. La pr&oacute;xima vez que acuda a mi mesa podr&iacute;a preguntarle acerca de su nieta: cu&aacute;ntos a&ntilde;os tiene, si la sigue alg&uacute;n novio o si es hu&eacute;rfana. Hu&eacute;rfana&hellip; no s&eacute;, me da esa impresi&oacute;n. Qu&eacute; delicia si lo fuera. Poder cuidar de ella, convertirme en una especie de segundo padre. Ya podr&iacute;a serlo por edad. Y ella mi hija. Una hija adoptiva a la que querr&iacute;a con la efervescencia y la devoci&oacute;n de un amante). Llevaba puestas ese d&iacute;a unas gruesas gafas de sol, pero, incluso a trav&eacute;s de sus cristales opacos, pude percibir la viva luz que se desprend&iacute;a de sus ojos, y el lugar exacto al que estos apuntaban.<br /><br />A veces estoy tentado de levantarme y seguirla cuando se marcha, y abordarla en la acera y confesarle mi secreto y decirle que soy un cad&aacute;ver ambulante si ella no siente por m&iacute; lo mismo que yo siento, y envolverla con una oleada de amor y esperar con ansiedad mortal a que confirme todas mis enso&ntilde;aciones de adolescente ya maduro, toc&aacute;ndome siquiera con un roce fugitivo la piel en ascuas de mis manos, y quedar para vernos esa misma tarde (hasta las tantas) y las siguientes y todas los d&iacute;as mientras vivamos, y juntarnos tanto que ovillemos un mismo capullo en el que fusionar nuestras almas hasta convertirlas en una &uacute;nica y misteriosa y et&eacute;rea mariposilla de luz que habr&aacute; de viajar toda una eternidad por los meandros del universo hasta hallar la imperceptible abertura que los conduzca finalmente hasta el otro lado de la vida.<br /><br />Otras veces, en cambio (las que m&aacute;s), me repliego en mi caparaz&oacute;n, terriblemente horrorizado por el &iacute;mpetu de mis deseos. Pienso en mis a&ntilde;os y en los de ella (casi una cr&iacute;a), pienso en mi esposa y en que estoy casado, pienso en que, de ser posible nuestro amor, tendr&iacute;a que romper con toda mi anterior vida y empezar de cero, pienso tambi&eacute;n en que no puedo negarme el derecho a ser feliz ni la posibilidad de procurarle esa misma felicidad a otra persona, pienso en que soy un cobarde, pienso en que deber&iacute;a dejar de mirarle con tanta insistencia si nunca voy a dar el siguiente paso (el decisivo), pienso&hellip; pero &iquest;c&oacute;mo te atreves a pensar, mentecato, cuando levantas la cabeza y aparece ante tus ojos una criatura que s&oacute;lo puede haber sido engendrada por la espuma del mar al batir sus olas sobra la arena solitaria y esponjosa de una playa que jam&aacute;s ha hollado nadie? No pienses tanto y act&uacute;a. &iexcl;Haz algo de una pu&ntilde;etera vez en tu vida&iexcl; &iexcl;YA&iexcl;]]></description>            <pubDate>Wed, 25 Feb 2009 19:29:19 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Compasión... divina</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/02/00017-compasion-divina.html</link>            <description><![CDATA[No puedo evitarlo. A veces&nbsp; me involucro en exceso con los problemas de la gente que se sienta ante mi mesa (ser&aacute; que tengo vocaci&oacute;n de confesor o de misionero,&nbsp; y no me quedo en paz conmigo mismo hasta que no consuelo sus penas o les resuelvo los problemas que me plantean). Seguramente ser&aacute; esa la raz&oacute;n que lleva a muchos de los clientes a esperar a que sea yo el que los atienda, aun estando libres otros compa&ntilde;eros (incluso son capaces de dejarlo para el d&iacute;a siguiente si la tardanza se alarga).<br /><br />Semejante grado de condescendencia me apareja ciertos inconvenientes. El de estar siempre atareado (por ejemplo), mientras los papeles se&nbsp; me amontonan (ordenados, eso s&iacute;. No como Beni) y los dem&aacute;s consumen sus ratos muertos fum&aacute;ndose un cigarrillo tras otro en la puerta o infl&aacute;ndose a caf&eacute;s (hasta eso de las doce. Luego de esa hora le toca el turno a la cerveza. &ldquo;Que voy al banco tal, que voy a la Notar&iacute;a, que voy a Correos&hellip;&rdquo; Mentiras&nbsp; que conocemos en la oficina porque todos recurrimos con demasiada frecuencia a ellas, y siempre con el mismo fin: salir a la calle a por lo que sea, pero escapar durante unos minutos de la onerosa rutina del trabajo).<br /><br />Sin embargo, ya lo dec&iacute;a al comienzo: no puedo evitarlo. Las dificultades o los pesares de la gente me conmueven. Procuro que nadie se vaya de&nbsp; mi mesa sin que no le haya solucionado antes el motivo de su visita. Me importa poco que est&eacute; directamente relacionado con su vinculaci&oacute;n como cliente o no (ignoro qu&eacute; consigo con esa atenci&oacute;n extra a la que nada me obliga. No creo en la generosidad desinteresada, luego&hellip<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. No obstante, debo hacer una precisi&oacute;n. Las personas con las que m&aacute;s me vuelco son aquellas que me parecen m&aacute;s desprotegidas, vulnerables, desinformadas e indefensas (viejos, gente com&uacute;n que se pierde en los entresijos del mundo financiero y de la burocracia administrativa, mujeres de cierta edad que nunca han pisado un banco y que, al quedarse viudas, deben resolver todos los problemas que antes controlaba el marido con excesivo celo...). Acaso busco en todas esas buenas gentes la satisfacci&oacute;n del deber cumplido (pero es que nadie me ha impuesto esa obligaci&oacute;n. S&oacute;lo yo), o quiz&aacute; sea el deseo de reconocimiento social que late en el fondo de la conducta de todos los individuos y los mueve a labrase en torno a ellos un peque&ntilde;o universo en el que sentirse idolatrados (me extra&ntilde;a en m&iacute;. Me considero un ser hura&ntilde;o que no necesita de las relaciones humanas para alcanzar su bienestar emocional)&hellip; <br /><br />No s&eacute;. Puede que s&oacute;lo se trate de la vena megal&oacute;mana y demi&uacute;rgica que palpita en alg&uacute;n rinc&oacute;n perdido de mi alma y que me impulsa constantemente a resolver cualquier asunto que me presenten para demostrarme a m&iacute; mismo y a los dem&aacute;s que lo puedo todo (o casi), y que ese sentimiento de superioridad que oculto en mi interior, y que dif&iacute;cilmente trasluzco, es cierto y verdadero (re&iacute;ros si quer&eacute;is, pero estoy convencido, intuyo, s&eacute; con una clarividencia imposible de constatar que una fibra de mi ser, peque&ntilde;&iacute;sima, embozada tras la invisibilidad y apenas real , ha sido impregnada con el agua de vida de la que beben cada tarde los dioses al regresar de su paseo desde el mirador en el que observan las evoluciones de este mundo. &iquest;Acaso cualquiera de ellos se mantendr&iacute;a impasible ante el dolor o la tribulaci&oacute;n de una de sus criaturas, aun la infinita distancia que los separa de ellas?&hellip<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" /><br /><br />Estoy desbarrando, lo s&eacute;. Me pasa siempre que miro al cielo y me entristezco al meditar lo lejos que me encuentro de mi verdadero hogar.]]></description>            <pubDate>Tue, 17 Feb 2009 17:58:10 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Beny, toda una institución... nefasta</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/02/00016-beny-toda-una-institucion-nefasta.html</link>            <description><![CDATA[Mi compa&ntilde;ero de caja (Benito, Beni) es un aut&eacute;ntico desastre. Desali&ntilde;ado, bocazas, poco sutil en el trato y, en cuanto a su eficiencia en el trabajo (lo m&aacute;s importante para todos: empresa, clientela y quienes lo sufrimos durante siete horas al d&iacute;a), una completa calamidad. Uno de sus h&aacute;bitos m&aacute;s nefastos consiste en llegar tarde con demasiada frecuencia, lo cual ocasiona inevitablemente una serie de trastornos en lo que debiera ser el normal y correcto desenvolvimiento de la oficina (es quien se ocupa de abrir la caja fuerte y de recargar de billetes los cajeros autom&aacute;ticos). Dado el poco margen de tiempo con el que contamos para preparar la apertura (apenas media hora), son muy raras las ma&ntilde;anas en que todo est&aacute; dispuesto para que la puerta se abra en el horario establecido. A fuerza de repetirse, este comportamiento se ha convertido en costumbre (casi una norma. A poco que saques el tema a colaci&oacute;n, &eacute;l y alg&uacute;n otro te responden con una impertinencia). La gente que aguarda en la acera, mientras tanto, se remueve impaciente ante la puerta, dirigi&eacute;ndonos gestos ostensibles acerca de nuestra falta de puntualidad&nbsp; (yo he optado desde hace un a&ntilde;o por irme a desayunar nada m&aacute;s hacer acto de presencia en la oficina. Cuando vuelvo, la puerta ya est&aacute; abierta y los &aacute;nimos algo m&aacute;s apaciguados entre los clientes). <br /><br />Esto es lo que acontece casi todos los d&iacute;as, nada m&aacute;s comenzar la faena. Sin embargo, aqu&iacute; no termina el asunto. Luego nos queda por delante toda una larga jornada de inoperancia y de desprop&oacute;sitos, de continuas protestas y de ambiente enrarecido entre el p&uacute;blico (es decir, pura armon&iacute;a). Y todo a causa de su insufrible terquedad (y de su estulticia, fundamentalmente).&nbsp; Efectuando las operaciones normales de Caja (las m&aacute;s f&aacute;ciles de una sucursal bancaria, por otra parte. Es el primer puesto al que est&aacute;n destinados los primerizos), Beni es lento y tozudo como una mula vieja (s&oacute;lo nos faltar&iacute;a atizarle una par de puntapi&eacute;s en los ijares para que la comparaci&oacute;n fuera completa). Le hemos tratado de ense&ntilde;ar por activa y por pasiva el mejor m&eacute;todo con el que desempe&ntilde;ar su trabajo, pero &eacute;l sigue emperrado en contar los billetes que le ingresan con las manos (encima parece que sus dedos fueran tan h&aacute;biles en este menester como dos aletas de pescado). Tambi&eacute;n le insistimos en que existen otros modos m&aacute;s provechosos de organizarse y priorizar sus tareas, pero &eacute;l (feliz en su desorden lo mismo que un gorrino en su lecho fangoso) hace caso omiso de todas nuestras sugerencias y no desiste de colocar los papeles de trabajo en el primer lugar que a &eacute;l le acomoda (luego viene el problema de encontrarlos).<br /><br />En fin, otro d&iacute;a os seguir&eacute; hablando de sus constantes estropicios (entrando en la jugosidad del detalle)&nbsp; y de la imagen un tanto grotesca y jocosa que nuestra sucursal ha tomado dentro de la localidad. Somos conscientes, no obstante, de que muchas de las personas que nos visitan a diario s&oacute;lo lo hacen atra&iacute;das por la posibilidad de presenciar en directo alguno de sus celebrados y estramb&oacute;ticos episodios (ya, ya ver&eacute;is).<br />]]></description>            <pubDate>Wed, 11 Feb 2009 18:59:20 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Llueve sobre mojado</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/02/00015-llueve-sobre-mojado.html</link>            <description><![CDATA[Si no arrastr&aacute;bamos en nuestro oficio ya suficiente estr&eacute;s y ansiedad desde el inicio de esta ya larga y pegajosa crisis financiera (provocada por las malditas hipotecas basura de los putos USA), van y destapan hace pocas semanas un nuevo esc&aacute;ndalo, el del tal Madoff (otra vez originado en el mismo sitio de antes. Da que pensar. Acaso los bajos del Imperio no sean m&aacute;s saludables que las ca&ntilde;er&iacute;as de una pestilente y colosal cloaca).<br />Escuch&eacute; la noticia en el informativo de esa noche y, de inmediato, me volqu&eacute; sobre la pantalla de mi ordenador para indagar en Internet cualquier informaci&oacute;n publicada al respecto (no quer&iacute;a que los clientes me cogieran desprevenido a la ma&ntilde;ana siguiente). Esta labor de investigaci&oacute;n y de an&aacute;lisis cr&iacute;tico deber&iacute;a corresponderle a mi empresa. Alguien, desde alg&uacute;n departamento de los Servicios Centrales, tendr&iacute;a que ocuparse de tales menesteres, de tal modo que, a primera hora de esos d&iacute;as que se sabe de antemano que van a ser cr&iacute;ticos, nada m&aacute;s arrancar mi puesto de trabajo, yo dispusiera de una bater&iacute;a de datos con la que contrarrestar las previsibles interpelaciones de los clientes. Desgraciadamente los hechos no se desarrollan de esta manera.&nbsp; Nunca ha sucedido (incrustados en nuestras trincheras,&nbsp; sin m&aacute;s pertrechos que un viejo fusil sin apenas munici&oacute;n y la astucia para eludir el peligro que cada quisque ha sabido procurarse con los a&ntilde;os o con su talento innato, somos los empleados destinados en la primera l&iacute;nea de combate los que debemos repeler las agresiones del enemigo y mantener la posici&oacute;n intacta).<br />Esa noche me acost&eacute; tarde y me&nbsp; cost&oacute; conciliar el sue&ntilde;o. Me tem&iacute;a lo peor cuando me incorporara al trabajo (la gente ya anda demasiado resquemada tras los acontecimientos precedentes y el chorreo diario de noticias relacionadas con la banca, y el dinero es tan asustadizo y pusil&aacute;nime como el cuerpo blando de un caracol). Afortunadamente, la ma&ntilde;ana no se present&oacute; como yo recelaba. Todo se desenvolv&iacute;a con la normalidad de otras jornadas (se ve que mi clientela, insensibilizada a los mensajes de alarma como aquel grupo de pastores del cuento del lobo, hace caso omiso a cualquier tipo de comunicaci&oacute;n que entra&ntilde;e un peligro. En este caso para su bolsillo). Hasta eso de las diez y media. <br />Se acerc&oacute; a mi mesa con la misma actitud de t&iacute;mida reserva de otras ocasiones. Se trataba de Jos&eacute;, un cliente de toda la vida, anciano, poco dado a causar problemas y con unos cuantos miles de euros depositados en una cuenta a plazo.<br />&#9472;Buenos d&iacute;as, Jos&eacute;. &iquest;En qu&eacute; puedo ayudarle? &#9472;le digo sin sospechar el motivo de su visita.<br />&#9472;Vengo a llevarme el dinero &#9472;me responde a bocajarro y con voz fr&iacute;a y resolutoria.<br />Yo, que a&uacute;n no consigo atisbar su verdadero prop&oacute;sito, intento aclarar qu&eacute; desea realmente. A Jos&eacute; le cuesta expresarse y transmitir sus pensamientos. Parco en palabras, da por supuesto que los dem&aacute;s debemos conocer sus intenciones.<br />&#9472;&iquest;Pero qu&eacute; dinero?... &iquest;El que tiene a plazo?... &iquest;Le ha ocurrido algo?...<br />Pregunto y pregunto sin dejarlo contestar, mientras trato de recomponer una defensa s&oacute;lida (al encontrarme con su mirada, he vislumbrado una sombra de temor agazapada en el fondo de sus ojos h&uacute;medos, y he comprendido de inmediato cu&aacute;l es la naturaleza que se abate tras su desasosiego).<br />&#9472;Mi mujer me ha dicho que lo saque todo &#9472;responde con la misma entonaci&oacute;n decidida y met&aacute;lica de antes, como si se limitara a soltar frases aprendidas de memoria&#9472;.&nbsp; Y mis hijos tambi&eacute;n. Dicen que los bancos no son seguros.<br />&#9472;Pero Jos&eacute;, eso que me est&aacute; contando no tienen ning&uacute;n sentido. Lo que ha sucedido en EEUU no nos afecta a nosotros ni al producto en el que usted tiene invertidos sus ahorros. Bueno, a un par de bancos les ha tocado de refil&oacute;n, pero poco m&aacute;s. Piense que se trata de una estafa como tantas otras. Lo malo de esta es que se ha destapado en el peor momento, justo cuando acababan de tranquilizarse los &aacute;nimos despu&eacute;s del estallido de la crisis.<br />&#9472;Es que mis hijos dicen&hellip; <br />No termina la frase. Se queda indeciso. Parece que se le hayan olvidado el resto de argumentos con el que lo hab&iacute;an aleccionado antes de salir de su casa. Est&aacute; pasando un mal trago. Los s&eacute;. Se encuentra inc&oacute;modo. Primero porque, por s&iacute; solo, no es capaz de tomar ninguna determinaci&oacute;n (demasiado apocado para hacerlo, a pesar de su complexi&oacute;n vigorosa y espigada), despu&eacute;s porque le hab&iacute;an dado instrucciones claras de c&oacute;mo actuar y estas han comenzado a desvanec&eacute;rsele ante mi reacci&oacute;n, y, por &uacute;ltimo, porque siente que con su comportamiento est&aacute; traicionando de alguna forma la cordial relaci&oacute;n que manten&iacute;a conmigo (m&aacute;s que con el banco. Siempre lo he tratado bien. Con afecto). Yo, por mi parte, no puedo hacer otra cosa que procurar disuadirlo de la dr&aacute;stica decisi&oacute;n que ya tra&iacute;a tomada (me pagan por evitar perder clientes). Y para ello no recurro a ning&uacute;n razonamiento mendaz o capcioso. Jam&aacute;s buscar&iacute;a socorro en ese tipo de artima&ntilde;as (y menos con un pobre y desvalido abuelo).&nbsp; Por consiguiente, creo absolutamente en todo lo que le digo (no lo har&iacute;a en el caso contrario), como que el sistema financiero constituye los cimientos de la econom&iacute;a y que, si estos se resquebrajan, se viene abajo el resto de la estructura; que, ante una contingencia semejante, los Estados (como ya se ha visto en otros pa&iacute;ses) saldr&iacute;an a garantizar la estabilidad de los bancos, que si&hellip; Jos&eacute;, un tanto aturdido por mi verborrea, me replica con resignaci&oacute;n<br />&#9472;No, si ya me lo hab&iacute;a dicho mi mujer: seguro que te l&iacute;an otra vez, lo mismo que antes,&nbsp; y te convencen para que no lo saques.<br />En fin, ya lo dec&iacute;a antes. Una parte esencial de mi trabajo consiste en transmitir confianza.]]></description>            <pubDate>Fri, 06 Feb 2009 17:46:50 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>El rayo de luz, otra vez</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/02/00014-el-rayo-de-luz-otra-vez.html</link>            <description><![CDATA[Sigo sin atreverme a mirarla con franqueza (un simple choque de miradas puede llevar consigo consecuencias imprevisibles, o lo que es lo mismo, una sencilla chispa puede devastar un extenso bosque milenario o convertir en piltrafa la imagen de prudencia y de mesura que uno ha cultivado a lo largo de cuarenta a&ntilde;os). Viene casi todos los d&iacute;as para ingresar el importe de las ventas realizadas por la perfumer&iacute;a en la que trabaja durante la jornada anterior.&nbsp; Nada m&aacute;s entrar, se acerca con un extremado candor hasta el &uacute;ltimo de la fila y le pregunta si es el &uacute;ltimo. Despu&eacute;s extiende gr&aacute;cilmente hacia un lado una de sus piernas (siempre enfundadas por vaqueros muy ce&ntilde;idos) y se deja sostener por la otra. Me gusta la postura que adopta, el perfil suave y delicado de sus rasgos, las curvas voluptuosas de sus nalgas (en ese punto la tela parece que fuera a reventar, incapaz de sujetar por m&aacute;s tiempo tanta exuberancia), el aire distra&iacute;do y so&ntilde;ador que se agita bajo sus pesta&ntilde;as y el aroma a fruta reci&eacute;n sazonada que imagino emanar a trav&eacute;s de todos los poros de su piel de rosa. <br /><br />Llegado a este momento, todo se confunde en mi cabeza. Me vuelvo torpe, la saliva se me seca en la boca, balbuceo con el cliente que, at&oacute;nito, me mira con gesto de estupor desde el otro lado de la mesa; las ideas se nublan en mi entendimiento (ella ha conseguido eclipsarlas totalmente) y el ritmo acalorado de mi coraz&oacute;n hace destilar finos hilillos de sudor alrededor de mi pecho. No s&eacute; si continuar atendiendo (presumo que mi aspecto debe resultar pat&eacute;tico) o si desnucar mi pasi&oacute;n enfebrecida bajo el chorro de agua fr&iacute;a del lavabo. <br /><br />Y la cola que no avanza, y ella que contin&uacute;a all&iacute;, a un par de metros frente a m&iacute;, impasible y distante como una n&aacute;yade esculpida en la pared de un acantilado. Quisiera que la realidad se espesara en torno a nosotros dos, aisl&aacute;ndonos del resto mediante un basti&oacute;n infranqueable.&nbsp; Quisiera que el tiempo dejara de latir y que ese instante se tensara lo suficiente como para que, al final, una mirada suya bastara para derretirme con un gozo viscoso y enloquecedor.<br /><br />De repente, alguien me sacude el hombro (el compa&ntilde;ero de caja cree que me ha dado un aire), mientras que, desde otro extremo, el tel&eacute;fono no deja de zumbar con su chirrido siempre importuno y desencantador.<br />Se rompi&oacute; la magia. Cuando retorno a la normalidad, ella ya no est&aacute;.]]></description>            <pubDate>Tue, 03 Feb 2009 20:02:19 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>De cómo  mi jefe me abrió las puertas de la utopía</title>            <link>http://chupatintas.blogcindario.com/2009/01/00013-de-como-mi-jefe-me-abrio-las-puertas-de-la-utopia.html</link>            <description><![CDATA[Adem&aacute;s de Trini (ya la conoc&eacute;is: la fashion mari de la maceta), tengo otros compa&ntilde;eros que me gustar&iacute;a presentaros en sucesivas entradas de este diario. Hoy lo har&eacute; con mi jefe (esta palabra siempre me chirr&iacute;a en los o&iacute;dos, caus&aacute;ndome la misma sensaci&oacute;n desagradable que un comentario injurioso). Ya estaba de director en la oficina cuando yo llegu&eacute;. Alto, elegante, tirando a guapito y con ese ligero frunce despectivo en los labios propio de las personas que se sienten asentadas en un pelda&ntilde;o por encima de los dem&aacute;s (en la mayor&iacute;a de  las ocasiones esta percepci&oacute;n inflada de uno mismo responde m&aacute;s a una carencia que a una sobreabundancia de virtudes).<br /><br />Sin embargo, no es su personalidad ni su car&aacute;cter dicharachero  y engre&iacute;do lo que me propongo retratar aqu&iacute; (uno, mayormente, es como es y no como quiere ser). Desde mi primer d&iacute;a de trabajo a sus &oacute;rdenes, la peculiaridad que m&aacute;s me llam&oacute; la atenci&oacute;n de su comportamiento fue las pocas que transmit&iacute;a (instrucciones), y no era porque su disposici&oacute;n laboral fuese indolente o porque su capacidad de mando resultara del todo nula. No. Sus &oacute;rdenes apenas nos llegaban (con cuentagotas dir&iacute;a yo) porque &eacute;l casi nunca coincid&iacute;a con los dem&aacute;s empleados de la sucursal durante el horario normal de trabajo (dec&iacute;a que iba por las tardes. S&iacute;, s&iacute;&hellip<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. Bueno, all&aacute; cada cual con su conciencia. La verdad pura y muda era que los n&uacute;meros le favorec&iacute;an: saldos en progresivo crecimiento, caras primerizas entre la clientela, planes anuales de objetivos que se iban cumpliendo (a veces por los pelos, pero se cumpl&iacute;an), mayores cargas de trabajo&hellip; &Eacute;l, mientras tanto, a su aire (un d&iacute;a s&iacute;, y otro tambi&eacute;n, nos qued&aacute;bamos con las ganas de plantearle docenas de preguntas).<br /><br />Una ma&ntilde;ana,  acuciado por una cuesti&oacute;n de urgencia para la cual requer&iacute;a de su preceptiva autorizaci&oacute;n, decid&iacute; llamarlo a su casa (a pesar de la tajante prohibici&oacute;n que nos ten&iacute;a hecha). Las  manecillas del reloj hab&iacute;an cruzado ampliamente la frontera de las diez. Me atendi&oacute; su esposa. &ldquo;No est&aacute;. Se fue muy temprano. Hoy ten&iacute;a que ver a un cliente en el pueblo de al lado&hellip; Est&aacute; bien, si hablo con &eacute;l ya se lo digo&rdquo;. A los quince minutos entraba por la puerta. Su aftershave era tan fragante que parec&iacute;a haber acabado de unt&aacute;rselo sobre su cara algo traspuesta a&uacute;n a causa de la cercana presencia del sue&ntilde;o. En otra ocasi&oacute;n fueron los chicos de auditor&iacute;a (siempre tan imprevisibles e importunos como un apret&oacute;n de vientre) los que precisaron localizarlo. El asunto tuvo su miga. Hab&iacute;an concluido su visita de inspecci&oacute;n (cuatro d&iacute;as emplearon en ella) y en todo ese plazo no hab&iacute;an podido hablar personalmente con &eacute;l. En su casa tampoco nos contest&oacute; nadie. Mi jefe, entretanto (astuto como un avezado farsante) hab&iacute;a estado llamando por tel&eacute;fono a la oficina a lo largo de toda la semana (&ldquo;quiz&aacute; asome ma&ntilde;ana. Hoy estoy muy liado. Esta promoci&oacute;n de los cojones me tiene harto&rdquo<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />. Al final, el auditor y su ayudante tuvieron que dejarle el Acta de Constancia de Hechos sobre la mesa de su despacho (&ldquo;que la firma y que nos la remita por correo interno&rdquo<img style="border:0px;width:16px;height:16px;padding:0px;margin:0px;background:none;"  src="http://pics.miarroba.com/caretos/wink.gif" alt="Guiño" title="Guiño" />.  Manolo (mi jefe.  Poco m&aacute;s y termino sin decir su nombre) se incorpor&oacute; el lunes siguiente con el mismo &aacute;nimo y la misma actitud que si s&oacute;lo hubiese transcurrido una jornada desde su &uacute;ltima aparici&oacute;n por la oficina. &Eacute;l es as&iacute;. Jam&aacute;s concede demasiadas explicaciones de sus actos (posteriormente me enterar&iacute;a de que se hab&iacute;a tirado una semana de vacaciones en compa&ntilde;&iacute;a de un ligue con la excusa conyugal de que ten&iacute;a que realizar un cursillo en la capital. Con todo el morro). <br /><br />Pues este tipo tan pintoresco es el director de mi centro de trabajo. A fecha de hoy no ha cambiado mucho (nada, me atrever&iacute;a a decir). Su mesa prosigue igual de vac&iacute;a: un portabol&iacute;grafos, un calendario de metacrilato, tres bateas apiladas de pl&aacute;stico que s&oacute;lo acumulan polvo, y el conjunto inform&aacute;tico de rigor. Despu&eacute;s de quince a&ntilde;os y pese a este aparente absentismo, su tarea debe estar ejercit&aacute;ndola de manera eficaz (de lo contrario, ya lo habr&iacute;an destituido).<br /><br />Por otra parte, nosotros ya nos hemos acostumbrado a su ausencia permanente. De alguna manera, la preferimos (por muy confraternal y tolerante que sea un jefe, a la larga siempre termina fastidi&aacute;ndola). Al principio nos cost&oacute; adaptarnos a esa falta de liderazgo. Dado que no pod&iacute;amos recurrir a las directrices de su criterio, tuvimos que solventar sobre la marcha situaciones para las que no nos hab&iacute;an adiestrado (alg&uacute;n cliente enojado y alguna que otra crisis de ansiedad han sido las consecuencias). Poco a poco, no obstante, hemos ido supliendo su figura (transpersonaliz&aacute;ndola, de hecho), sus facultades y atribuciones. Firmar unos cuantos documentos de &iacute;ndole interna o p&uacute;blica es casi el &uacute;nico pretexto que a&uacute;n le obliga a personarse en la oficina al menos durante dos veces a la semana.En fin, los restantes siete elementos que componemos la plantilla (por la propia din&aacute;mica de los d&iacute;as) hemos terminado funcionando como una  especie de comunidad autogestionada.  Cada uno configura un islote autosuficiente en el &aacute;mbito de su parcela de trabajo (estoy siendo muy generoso con Trini), contando adem&aacute;s con recursos para desenvolverse con cierta soltura en las del resto.  Ninguno creamos problemas a los dem&aacute;s, la solidaridad fluye de modo espont&aacute;neo, el interventor no existe (al menos funcionalmente. En esto ha seguido el ejemplo de su inmediato superior y se ha quitado de en medio) y, aunque este buen clima laboral no se ha traducido en unas relaciones interpersonales m&aacute;s &iacute;ntimas fuera del espacio y de la causa que nos congrega (aspecto que, a lo mejor, no es deseable), hemos conseguido que las siete forzosas horas de trabajo de la ma&ntilde;ana transcurran a toda prisa y sin estridencias (poco m&aacute;s que un par&eacute;ntesis diario en nuestras vidas. Una suerte de limbo del que salimos sin rasponazos ni menoscabos emocionales).<br /><br />Mi pregunta: &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a falta para extrapolar este modelo de funcionamiento al resto de la estructura piramidal de la empresa, de la naci&oacute;n, del mundo entero?...]]></description>            <pubDate>Mon, 26 Jan 2009 18:35:05 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>