Martes, 09 de diciembre de 2008
Hoy ha vuelto a ocurrir. Y es el tercer día consecutivo que me sucede. A pesar de no haberla visto entrar (tampoco hoy), mi cabeza se ha girado de manera mecánica hacia la puerta (como succionada por un fuerte imán). Era ella otra vez. Radiante y algo temerosa, envuelta en el mismo nimbo de pureza y sencillez que me ha cautivado desde el primer instante. Espío sus movimientos a hurtadillas (me fijo en su rostro de piel blanquísima, en sus hombros desnudos y quebradizos, en sus gráciles pies, apenas cubiertos por los finos lazos de unas sandalias plateadas) y, cuando agacho la cabeza, presiento que ella me observa con la misma mirada escudriñadora. Ojalá me topara (siquiera por un brevísimo instante) con el lucero que debe arder en el fondo de sus ojos, aunque para eso debería mirarla con más atrevimiento (me aterra la posibilidad de ese encontronazo) y aguardar a que ella actúe de igual forma. ¿Y después qué?....

Tags: hermosura, belleza, amor, timidez

Publicado por xandeus @ 18:52
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