Martes, 06 de enero de 2009
Para darte o quitarte la razón (se entiende). Hete aquí que, después de un par de décadas instruyéndome y forzándome (mi empresa) para que colocara entre la clientela toda una innovadora gama de productos financieros (depósitos estructurados, bonos referenciados a tal y cual índice bursátil, cestas de fondos con presuntas rentabilidades increíbles&hellipGui?o, la crisis que viene golpeándonos desde hace unos meses viene y nos dice (fundamentalmente a mí, que nunca creí en las bondades de los supuestos chollos inversores) que hay que volver a la banca de antes. Es decir, a colocar los ahorros en la libretita de plazo fijo de siempre, donde, desde el primer día, ya sabes cuánto vas a ganar y cuándo vas a cobrarlo (sin riesgos, sin sustos, sin la incompresible letra pequeña que llenaba los contratos de tales camelos).
Y yo me pregunto ¿hacía falta desencadenar esta tremenda hecatombe mundial en los mercados financieros para comprender lo que cualquiera (con un mínimo de sentido común) ya intuía que iba a suceder en cualquier momento? Aplicando esa misma sensatez natural, ya previne a muchos clientes del peligro que se cernía sobre FORUM FILATELICO (ellos, sin embargo, a lo suyo: seducidos como jóvenes incautos por el cuerno de la abundancia con el que los llamaban a trasvasar fondos de sus cuentas). En este caso (estafa declarada), los atontolinados y avariciosos ahorradores han purgado su doble pecado (el de simpleza y el de codicia) perdiendo casi todos sus dineros (quizá no exista peor castigo), mientras que los ingenieros de la trama deberán pagar un pequeño impuesto penitenciario a cambio de las inmensas riquezas saqueadas y seguramente puestas a buen recaudo.

¿Y la conducta de la banca que se ha venido abajo (no hablo de la nuestra que, de momento, resiste, aunque también esconde algunas perversiones)? ¿Acaso no es igual de punible que la de los facinerosos que te liaban con el timo de los sellos?... Vendían igualmente humo (como los otros). Especulación, posibilidades, conjunciones matemáticas de acontecimientos positivos en tales o cuales valores, activos que luego ha resultado que no valían tanto (como las famosas estampitas de bordes aserrados)… En este caso, los ahorradores que habían confiado en este tipo de entidades (supuestamente más serias) han tenido una fortuna distinta: Papá Estado ha acudido en auxilio del sistema para evitar que la ruina del mismo destape sus colosales mentiras y las apestosas e inconcebibles cloacas que fluyen bajo sus lujosos y endiosados edificios de oficinas. Sus gestores (los nuevos amos del universo, figuras legendarias para las generaciones recientes de igual modo que para las antiguas lo eran los personajes mitológicos) ganaban sueldos e incentivos milmillonarios, que lograban incrementar año tras año  en base a seguir estimulando la avaricia de sus clientes con productos de inversión sobre los que ellos mismos conocían su fecha de caducidad, esto es, el momento en que su valor se reduciría bruscamente a cero. Es lo que ha terminado sucediendo (la famosa crisis que padecemos).

¿Y quién va a terminar pagando los platos rotos? Todos y nadie. Es decir, cubramos con un tupido velo los acontecimientos, echémosle la culpa a los mercados (que es lo mismo que decir a las fuerzas impredecibles e indómitas de la naturaleza) y sigamos corriendo hacia adelante en una huída ciega hacia ninguna dirección clara y sensata (el mercado: ese nuevo ídolo insaciable de sacrificios humanos ante el cual debemos inmolarnos día tras día).

Y todo esto venía a cuento porque ahora mismo los gestores del sistema financiero, los gobernantes y los sesudos doctores en la materia andan pregonando que debemos volver a la banca tradicional (la de las sencillas y primitivas libretas de ahorros, la de las inversiones en productos de reconocida honestidad y transparencia, la que se dedicaba a la captación del sufrido y poco conflictivo hombre de la calle, la de los créditos de pequeño importe y riguroso análisis, la que primaba el buen trato al cliente antes que la venta agresiva y casi dolosa de sus productos de alta ingeniería).

Y yo me pregunto (por segunda vez en este día) ¿Durante cuánto tiempo van a mantener esta estrategia de supervivencia los pastores del rebaño del que todos los demás sólo somos dóciles e insignificantes cabezas de ganado (luego de la iluminación advenida tras las célebres subprimes y el regreso a la pureza de los comienzos)?... Creo que no demasiado. Pensar otra cosa sería lo mismo que pretender casar la avaricia con la mesura, o el frenesí y el desenfreno propios de la opulencia del poder con la quietud mística.

Y, si no, al tiempo.

Tags: estafa, codicia, mercados

Publicado por xandeus @ 9:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios