S?bado, 10 de enero de 2009
Hay mucha gente (acaso demasiada) que no tiene muy claro (o ni siquiera lo tiene) en qué asuntos puede ocupar el largo trecho de tiempo que se extiende desde el momento de levantarse hasta aquel en el que se hunden en la bendita necesidad del sueño.  Los individuos afectados por esta grave disfunción del aparato intelectivo se distribuyen entre todas las edades, aunque son aquellos que se hallan en la mitad descendente de la vida (una vez cruzados los cincuenta) los que más se distinguen por cargar sobre sus espaldas una pesarosa ociosidad. 

Todos los días te percatas de que son las mismas caras (mirada vacía y gestos de ansiedad)  las que te encuentras deambulando calle arriba y abajo (y desde muy temprano. Digo yo que podrían seguir acostados hasta la hora del angelus), o detenidas en alguna esquina céntrica a la espera de echarle el anzuelo a alguien conocido con el que departir un buen rato acerca de naderías, o cafeteando con unos y otros  y los de más allá (tanto da quien sea, pero que ayude a pasar el tiempo. Ah, suelen pedir descafeinados), o (y esto es  lo que a mí me irrita) acudiendo diariamente al banco donde tiene depositados sus pocos dineros.
Lo de menos es cuál sea el banco en cuestión (a estos tipos  lo que realmente les importa es la gente que trabaja en ellos y el grado de implicación o empatía que se tomen con su problema). A lo largo del tiempo han tenido la astucia de urdir una cierta relación de confianza con algunos de los empleados de la oficina y, amparados en esa presunta familiaridad, ya no se sienten coartados para menudear sus visitas sin objeto aparente (entran como si lo hicieran a su casa). Simples minucias en la mayoría de las ocasiones que nos hacen perder un tiempo siempre valioso: que la libreta se atranca en el cajero, que este recibo de qué es, que necesita una copia para no sabe qué, que si hoy reintegro diez y mañana otros diez, y así durante todos los días del mes,  que si pasaba por aquí y he entrado a saludarte, que a ver cuándo nos tomamos algo…

Hay tres lugares, en fin (principalmente), a los que esta troupe de pensionistas o desocupados espirituales (gente sin alma los llamo yo) han convertido por la fuerza de los hábitos en una especie de hogares ocasionales en donde refugiarse de forma momentánea de su mortificante vacío interior. A saber: las oficinas bancarias,  los puntos estratégicos de las zonas más transitadas de la ciudad y las salas de espera de los ambulatorios y centros de salud (yo he visto a gente en estos últimos lugares que, después de llevar más de una hora esperando, según propia confesión, se han levantado del asiento y se han marchado para volver al día siguiente. Nunca supe si tenían cita para ese día o si sólo estaban allí para pasar el rato, conversando con unos y otros paisanos).

Yo, por mi parte, creo que el tiempo es el mejor estado  y la más valiosa oportunidad con los que el ser humano pueda encontrarse jamás,  una vez venidos a este otro lado de las cosas (en términos absolutos, el nirvana es infinitamente más encomiable). Dicho esto (imaginemos por un instante que existiera un foro de ámbito universal en el que cada cual pudiera exponer sus proposiciones y que estas, tras ser minuciosamente analizadas con el rigor propio de una autoridad suprema,  pasaran a integrarse dentro del acervo de comportamientos de la especie), propongo que todas aquellas personas que no saben qué hacer con su tiempo (les exaspera de igual modo que una visita importuna o que un levantisco dolor de muelas) lo empleen en incrementar el de aquellos otros a los que, por el contrario, siempre les falta, animados en todo momento por infinidad de quehaceres,  casi todos ellos igual de trascendentes y placenteros. ¿Cómo? Poniéndose a su servicio para aliviarlos de algunas de sus necesidades u obligaciones. Lo que para unos constituye una rémora que merma su ansia de conocimiento o su potencial creativo, para otros representaría una vía de escape con la que entretener sus plomizas horas muertas de ociosidad y de hastío (¿una especie de esclavitud blanda, voluntaria, consentida, tutelada y sancionada por la suprema ley natural?).

¿Votos a favor?...

Tags: aburrimiento, hastío, esclavitud

Publicado por xandeus @ 19:48
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